Entre el cielo y la tierra: comunicar ciencia

El mes pasado Pedro Duque, astronauta de la Agencia Espacial Europea, publicó una reflexión en El País donde se preguntaba por qué no se apoya el proyecto Don Quijote, destinado a desviar un posible asteroide cuya trayectoria y tamaño representen un peligro para el planeta. Duque comparaba nuestros conocimientos sobre terremotos y asteroides, y concluía que la falta de apoyos se debía quizá a que “la gente no concibe que podamos influir en las cosas del cielo”.

Al margen de mi admiración por la investigación aeroespacial me gustaría dejar aquí una respuesta alternativa. En mi opinión no se trata tanto de una falta de confianza en la capacidad científica y tecnológica para alterar nuestro cielo por parte de ‘la gente’ (ciudadanía a la que entiendo también pertenecemos Pedro Duque y yo), como de dos factores que el artículo omite: uno natural y otro social.

El primero es que comparar el peligro que representan asteroides y terremotos es delicado. El impacto de un asteroide podría provocar efectos globales mucho más devastadores que un gran terremoto, como explica el artículo, pero la cuestión es que, pese a ser posible, es mucho más improbable que el seísmo. Duque señala que cada 2000 años cae a la Tierra un objeto de 100 metros de diámetro, capaz de producir un tsunami como el de Sumatra en 2004. No obstante, terremotos y tsunamis de este tamaño se producen mucho más a menudo: en los últimos 100 años conocemos tres (Chile 1960, Alaska 1964 y Sumatra 2004), y posiblemente los últimos 2000 años -20 veces más tiempo- han visto muchos más, algunos conocidos aunque imposibles de medir por su antigüedad y otros de los que no tenemos constancia.

Duque menciona también la posibilidad de que impacte un objeto de 1 kilómetro de diámetro, evento que sin duda sería catastrófico para parte de la humanidad, pero de nuevo la pregunta es: ¿cuál es la probabilidad de que esto ocurra?, ¿cada cuánto tiempo, en promedio, sucede esto en el planeta? No lo sabemos con exactitud, pero la geología apunta a que estas catástrofes se han dado en el pasado relativamente ‘reciente’ una vez cada 440 000 años. Vistos estos tiempos, ¿no es natural que la gente se preocupe poco por estas amenazas, por reales y posibles que sean?

Y es precisamente si se desea cambiar la opinión pública donde interviene el segundo factor: nuestra tendencia a cargar la responsabilidad sobre otros (‘la gente’, en este caso). Puede que los expertos en ciencia y tecnología veamos cosas en nuestros respectivos campos que otros no ven, como sugiere Duque, pero es nuestra responsabilidad comunicarlas al público de modo que las comprenda y entienda sus implicaciones. Si ‘la gente’ no nos apoya en un proyecto, ¿no deberíamos analizar cómo transmitimos nuestro mensaje e intentamos convencerla? La gente tiene la última palabra sobre qué, cuándo y cómo deberíamos investigar con dinero público; es nuestra obligación, por tanto, escuchar más y comunicar mejor.

Acerca de rocambloguesco

Seismologist and Earth scientist, science communicator, mountaineer and speleologist. Enjoying the wonders of our planet!

Publicado el marzo 7, 2013 en Ciencias del espacio, Comunicación científica, Peligros naturales, Sismología y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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