La ciencia a escena – Reportaje

Un concurso internacional de monólogos científicos de tres minutos irrumpe en España como nueva forma de acercar la ciencia al público


Se abre la puerta de doble hoja del auditorio en la centenaria Residencia de Estudiantes de Madrid y descubre un pintoresco escenario: un hombre corpulento y de pelo blanco, que frisa los sesenta años, estira pausadamente sus miembros mientras trece individuos más jóvenes le imitan cuidadosamente. Podría tratarse de un taller de tai chi, pero son los ejercicios matinales con los que varios científicos comienzan una clase para mejorar sus habilidades de comunicación. Las lecciones forman parte de la segunda fase del certamen internacional de monólogos científicos FameLab, que llega a España por primera vez organizado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y el British Council (BC).

El concurso, nacido en Reino Unido en 2005 y presente ya en veinte países, consta de tres fases en su versión española. En la primera cualquier científico de un centro español podía enviar un vídeo casero con su monólogo, que debía tratar un tema de ciencia sin recursos informáticos o electrónicos y en menos de tres minutos. Una duración tan reducida se antoja digna de estos tiempos de recortes, tan duros para la investigación española, pero en realidad “el objetivo es hacer llegar un caramelo de ciencia: empaquetas el mensaje en un envoltorio muy cuidado para llamar la atención e invitar a que vayan a por más”, como aclara Xavier Luri, astrónomo de la Universidad de Barcelona y seleccionado para la segunda fase. “Es un formato muy digerible”, coincide su compañero Manuel Tardáguila, biólogo del Centro Nacional de Biotecnología, “se presta a concentrar la información y usar metáforas”. Se trata de “una manera de dar a conocer la ciencia, lo que me gusta, a gente que nos ve como bichos raros, que no está acostumbrada a oír y entender la ciencia”, remacha Elisabet Prats, química del Instituto de Microelectrónica de Barcelona y también seleccionada.

Sin embargo, en la primera fase se recibieron tan sólo sesenta y cuatro vídeos, una cifra muy modesta para un sistema de ciencia y tecnología como el español, con más de 200,000 personas, según datos de la propia FECYT. Desde la fundación Gonzalo Remiro achaca esto a que es el primer año de FameLab en España y a que aquí “monólogo está asociado a humor, al Club de la Comedia”, por lo que muchos investigadores se han echado atrás. Pero la organización no busca “necesariamente el chiste, sino que los monólogos sean entretenidos”, aclara Remiro, quien espera que la participación experimente “un crecimiento exponencial” en próximas ediciones. Como en Egipto, donde en su cuarto año han recibido 500 vídeos en la primera fase.

De la evaluación de estos vídeos por una comisión de la FECYT y el BC salieron trece seleccionados para la segunda fase, en la que los científicos reciben formación en inglés sobre comunicación científica y habilidades no verbales. La enseñanza corre a cargo de Malcolm Love, comunicador británico que lleva este aspecto de FameLab por los diferentes países en que se ha implantado el certamen, y cuya didáctica define como “muy buena, de diez” Oriol Marimon, biólogo y participante también por la Universidad de Barcelona.

Tras las clases los trece investigadores participaron en una audición ante un jurado compuesto por conocidos profesionales del mundo de la ciencia y la comunicación, de la que salieron ocho participantes para la tercera fase. La final se celebrará el próximo 14 de mayo en el Teatro Alfil de Madrid, cuyas 200 localidades se han vendido en dos semanas. “Nos hemos quedado cortos”, admite Remiro, “pero no estamos preocupados porque se retransmitirá en directo por Terra TV”. Durante la final, tras cada monólogo los participantes recibirán una valoración de los miembros del jurado, en un formato que recuerda mucho el de ‘reality shows’ como Operación Triunfo. Las similitudes con este tipo de programas, sin embargo, no parecen ir mucho más allá. “No tiene nada que ver”, afirma tajante Prats, “los ‘reality’ sirven de plataforma para las personas, mientras que FameLab es una plataforma de divulgación en la que lo importante es la ciencia, no tú”. Aunque “de rebote, te hace más conocido”, admite. Lo que corrobora Tardáguila: “el otro día un vecino me dijo ‘te he visto en la tele’”.

Famosos o no, lo que se respira entre los participantes de FameLab es “muchísimo buen rollo y ganas de cooperar; se ve en lo que estamos haciendo entre una gente que hace un mes no nos conocíamos de nada”, comenta Marimon al referirse a nuevos proyectos que los participantes están desarrollando juntos tras conocerse durante esta experiencia.

Quien resulte ganador la próxima semana representará a España en la edición internacional de FameLab, que se celebrará en Reino Unido el próximo mes de junio, durante el Festival de Ciencia de Cheltenham. No obstante, la FECYT no persigue únicamente un candidato para esa final, sino también, como puntualiza Remiro, “nuevas caras de la ciencia que desarrollen habilidades comunicativas y puedan ser sus portavoces”. Se levanta el telón. Silencio: se investiga…

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Publicado el mayo 20, 2013 en Comunicación científica y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Enhorabuena por llegar a la final. La he podido ver en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=gj_lhszzPPo
    Yo estaba esperando que te doliera la cabeza😉 , aunque la de Usain Bolt también ha estado bien, la duda que me cabe es ¿cuánto tiempo hay desde que llegan las ondas P hasta que llegan las ondas S?

    • Muchas gracias, Carlos, sí, pensaba cambiar el monólogo para la final, pero nos pidieron mantenerlo desde la organización.
      Respecto a tu pregunta: ¡depende!, desde 1 ó 2 segundos hasta más de 40 ó 50. Si la población que se quiere alertar está muy cerca del lugar donde sucede el terremoto la carrera de las ondas es muy corta, y más juntas llegan las ondas P y S, por lo que se tiene menos tiempo de alerta. En Lorca, por ejemplo, si hubiera habido un sistema semejante sólo se habría tenido, tal vez, ¡un segundo! Pero en la mayoría de casos se puede tener algunos segundos más, y hay casos extremos en los que, al estar la población lejos del terremoto, se puede disponer de hasta un minuto, como en Ciudad de México.

  1. Pingback: TBVT: ¡¡¡Alerta, científicos sobre ruedas!!! | rocambloguesco

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