“Intentemos no volver a los consumos anteriores a la crisis.” – Entrevista a Mariano Marzo, experto en energía

Mariano Marzo Carpio (Carmona, 1951) destila sensatez. Desde la experiencia que le confiere su prolífica carrera en la universidad, la industria energética y las labores de estado en la Secretaría de Energía del antiguo ministerio de Industria, Ciencia y Tecnología y en el Club Español de la Energía, entre otras, este Catedrático de la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona extrae algunas claves sobre el futuro de la energía en el mundo y en España.

Frente a la decidida apuesta actual de EE.UU. y China por el fracking (extracción de gas mediante fractura hidráulica) la Unión Europea vive una parálisis política. ¿Hacia dónde debería moverse?
El asunto es complicado porque son situaciones radicalmente diferentes. En EE.UU. el mercado se ha impuesto porque el propietario del terreno lo es también del subsuelo. En Europa el Estado es el propietario del subsuelo y es difícil convencer a los propietarios de aplicar una técnica si no perciben beneficios, por lo que los posibles inconvenientes medioambientales pesan más. China es el capitalismo de estado y sus reservas de
shale gas [extraído mediante el fracking] están en desiertos. El resto del mundo va a ir en una dirección: explotar estos recursos.
En Europa hay varios ‘inconvenientes’: una legislación donde el interés público prima sobre el privado, una densidad de población más elevada y una importante sensibilidad medioambiental frente al beneficio económico a corto plazo. Por ello la UE va a ir aprendiendo de lo que pasa en el mundo, dejando que la técnica madure, y adoptará una regulación medioambiental fuerte, de modo que se dé una evolución, no una revolución como la de EE.UU.

Uno de los caballos de batalla de los detractores del fracking es la posible contaminación. El problema es que en la mayoría de estas explotaciones hay pozos de petróleo y gas previos al fracking y es difícil determinar si la contaminación se debe a ellos o a la técnica en sí.
Hay que sospechar que el
fracking tiene impacto. Pero un artículo reciente de Science [17 de mayo], en el que se analiza el impacto de desarrollos de gas sobre la calidad del agua, presenta conclusiones deprimentes: realmente no hay base científica. No es que se niegue el impacto, sino que la contaminación no se ha analizado desde una perspectiva científica por tres razones: las compañías tienen derechos de confidencialidad, la técnica va más deprisa que la investigación -que requiere tiempo- y porque no hay dinero.
Incidencias sobre acuíferos comprobadas científicamente hay una del millón de pozos registrados. Incidentes menores hay muchos más, pero remediables rápidamente. La contaminación de metano (los grifos de los que sale fuego del agua turbia) era un fenómeno que se producía con anterioridad al
fracking, porque hay escapes naturales: allí donde tienes un recurso, éste se escapa naturalmente a través de las grietas.
¿Cómo ha incidido el
fracking en esto? No lo sabemos. El agua que se inyecta, que se puede quedar en el subsuelo hasta en un 90%, ¿qué trayectorias sigue en el subsuelo?, ¿cuándo se para? No lo sabemos. En este sentido hay que sospechar y mantener un principio de precaución, pero científicamente la conclusión de este trabajo es que hay mucha más opinión que conocimiento científico y que la mayoría de los informes que se citan, a favor y en contra, no resistirían un peer-review [revisión por colegas típica de las publicaciones científicas] porque no tienen datos.
La codicia ha ido mucho más deprisa que el estudio científico. A los científicos nos lleva un tiempo analizar estas técnicas nuevas, monitorizar implica un plazo largo, y esto va a una velocidad tal que para cuando tengamos una idea de lo que realmente está pasando es probable que el daño esté ya causado. En este sentido la UE (cuyos recursos son muy inferiores a los de EE.UU.) hará bien en esperar y acumular más conocimiento científico sobre el tema.

Otro caballo de batalla de los ambientalistas es el tema del agua. ¿Se puede permitir España, con sus recursos hídricos, una técnica con un consumo de agua tan elevado como el fracking?
El recurso hídrico que se necesita es elevado y depende de la zona objeto de extracción y del uso que se le dé al agua en esa zona. En el noroeste de España, que es donde se puede concentrar esa actividad, recursos hídricos en principio debe de haber, pero las empresas y comunidades autónomas tendrán que tener en cuenta los costes económicos antes de proceder con esta técnica. En todo caso en España la cosa va para muy largo: son cuencas muy pequeñas, geográficamente complejas, donde la cantidad recuperable es modesta y los costes de ello están por determinar.

Entonces, ¿cuál debería ser la apuesta energética española en el corto y medio plazo?
Lo primero es ahorro y eficiencia. El ahorro es recuperar la mentalidad de nuestros abuelos con la tecnología actual. La eficiencia no es sólo utilizar las tecnologías más eficientes, sino también superar la
paradoja de Jevons. Según ésta la aparición de una nueva tecnología más eficiente no reduce el consumo, sino que lo incrementa, porque la mayor eficiencia incita a un mayor consumo. Si tu coche gasta menos gasolina por kilómetro no ahorrarás, sino que harás más kilómetros que con un coche menos eficiente y terminarás gastando más. La suma de ahorro y eficiencia puede reducir el consumo. Japón lo ha demostrado: ha reducido un 15% su consumo mediante medidas severas.
En segundo lugar, una vez reducido el consumo gracias al ahorro, la eficiencia y la educación, apostar por lo nuestro, las energías renovables. Pero milagros no se pueden obrar, debe encontrarse un equilibrio entre el impacto ambiental (el cambio climático), la seguridad del suministro y la competitividad. Y para ello debemos saber dónde estamos: el transporte -que proviene del petróleo- representa el 48% del consumo final. La electricidad tan sólo aporta el 22%, y EE.UU. la genera a un precio cuatro veces inferior al de Europa. Y las renovables no nos van a sacar del problema a corto plazo. La visión es clara, el problema es implementarla, especialmente con políticas de cuatro años.

Para superar los problemas ambientales en España se baraja el posible almacenamiento de CO2 en el subsuelo. Suponiendo que la tecnología fuera segura, ¿lograría reducir significativamente las emisiones nacionales?
La investigación se encuentra en una fase muy inicial. Se ha hecho un inventario de las formaciones geológicas potenciales, pero está por ver su capacidad de almacenamiento: es probable que no pudiéramos almacenar todo el CO
2 que emitimos actualmente. Por ello se requieren medidas extremas de ahorro energético.
Si convirtiéramos en CO
2 todas las reservas probadas en el mundo sólo podríamos quemar un tercio para no superar el umbral de las 450 ppm [de CO2 fijado por los escenarios de cambio climático]. Por lo tanto nos sobran hidrocarburos. Por ello se está estudiando no sólo secuestrar el CO2, sino convertirlo en materia prima. Por ejemplo, a través de la metanización, un proceso que combina CO2 con hidrógeno para dar amoniaco, y que ya se está haciendo en las plataformas del mar del Norte. En cualquier caso se nos echa el tiempo encima y creo que no vamos a llegar a tiempo.

Las posibles consecuencias de una fuga de CO2 serían mínimas frente a las de los residuos radiactivos. Sin embargo, o quizá por eso, la tecnología para almacenar los segundos parece estar muy por delante. ¿Es así?
Sí, el almacenamiento de CO
2 va muy por detrás. Pero también en el tema nuclear hay que ver qué países apoyan esta energía y por qué. Francia, por ejemplo, se opone al fracking [actualmente prohibido] porque piensa almacenar sus residuos radiactivos en las mismas formaciones donde podría aplicar esa técnica.
El problema de la nuclear es económico: el coste de inversión de una central nuclear es muy alto (unos 7000 millones de euros) y requiere una vida de al menos 40 años para amortizar la inversión, por lo que la iniciativa privada no está dispuesta a un desembolso de capital semejante si no tiene garantías. Si el Estado no se compromete con un pacto, la energía nuclear tiene un futuro incierto.
Comparar Europa y EE.UU. da una idea de la complejidad del debate energético: Europa se opone al
fracking mientras emplea determinadas formaciones geológicas para almacenar residuos radiactivos. EE.UU. utiliza ese mismo tipo de formaciones para el fracking pero se opone al almacenamiento de residuos radiactivos en ellas.

En este debate energético, ¿se escucha suficientemente la voz de los expertos en Ciencias de la Tierra?
Sí, no siento que seamos especialmente ignorados. Sin embargo, hay que tener en cuenta dos factores en este debate. Por un lado los niveles de CO
2 actuales no se han visto en los últimos 4.5 millones de años, el casquete polar no ha estado tan reducido como ahora en todo este periodo y, sin embargo, no reaccionamos: vivimos el síndrome de la rana hervida. Es como la rana a la que metemos en un cazo con agua cuya temperatura subimos un grado cada hora. Según se calienta el agua la rana se siente a gusto, porque el cambio es gradual, y el resultado final es que la rana termina hervida, cosa que no habría pasado si hubiésemos calentado el agua rápidamente. A nosotros nos está pasando igual: poquito a poquito nos estamos cociendo. Los científicos llevamos advirtiendo de ello mucho tiempo, pero cuesta porque somos transmisores de malas noticias, creadores de problemas. En cambio los tecnólogos son solucionadores de problemas, y esto siempre es mejor visto por la sociedad.
Por otro lado el subsuelo es un tabú, no está bien visto. Es algo que cuesta mucho entender y que la gente piensa que es mejor no tocar para que no suceda nada. Pero es preciso conocer el subsuelo para gestionarlo, porque no sólo hay hidrocarburos, también hay recursos hídricos, minerales, energía geotérmica, etc. Un cambio de legislación sobre la propiedad del suelo podría cambiar esta percepción,
pero sería algo perverso: la codicia como motor del conocimiento.

Consumimos energía vorazmente y nuestro consumo sigue subiendo; sin embargo, nadie quiere explotaciones energéticas en su casa (el ‘efecto NIMBY’ -“not in my back yard”-). ¿Qué deben hacer los gobiernos para combatir este comportamiento?
El fenómeno NIMBY existe especialmente en países como el nuestro, donde decimos que sí a todos los servicios que nos da la energía pero no queremos las infraestructuras que permiten obtener dicha energía. Es una esquizofrenia de nuevos ricos. Por eso es fundamental educar: enseñar qué es la energía y su importancia, de dónde sale la luz que consumimos, la gasolina del coche. Nos quejamos de que los jóvenes actuales piensan que el dinero viene de los cajeros automáticos, pero nos pasa algo similar a toda la sociedad respecto a la energía. Es una perversión profunda basada en el desconocimiento.
El caso de Canarias es paradigmático: no se quieren las prospecciones porque dicen que afectarán el turismo, pero ¿cómo llega el turismo a las islas? Esto provoca alianzas coyunturales que plantean cuestiones éticas, como la de ecologistas y pescadores -que han arruinado los fondos marinos y cuyos barcos funcionan con fueloil subvencionado-, o la de ecologistas y hoteleros -que durante años han construido sin medida ni escrúpulos medioambientales-. Noruega, en cambio, no tiene ningún problema en gestionar sus pozos mar adentro.

Para terminar, ¿puede el ciudadano de a pie cambiar estos hábitos de consumo o los intereses económicos son demasiado fuertes?
De la energía primaria que se obtiene y pasa por las centrales para llegar a las redes perdemos cerca del 30% por cuestiones tecnológicas. Aquí hay espacio de mejora. Pero también en el consumo final: no hay que olvidar que el motor de explosión de los coches es extremadamente ineficiente.
Japón ha demostrado que se puede reducir el consumo. ¿Por qué no pensamos en la reducción de nuestro consumo como un logro de la crisis en vez de estar soñando con volver a los niveles previos? Intentemos, en la medida de lo posible, no volver a los consumos anteriores a la crisis.

Acerca de rocambloguesco

Seismologist and Earth scientist, science communicator, mountaineer and speleologist. Enjoying the wonders of our planet!

Publicado el mayo 31, 2013 en Cambio climático, Geociencias, Geología, Recursos energéticos y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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