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Tras la tormenta

Diez segundos y trescientos cadáveres. Hace cuatro años el terremoto de L’Aquila (Italia) segó 309 vidas. No fue muy grande -apenas 10 km de largo frente a 400 km del de Japón en 2011-, ni muy mortífero -el de Alhucemas de 2004, de igual tamaño, mató más del doble de personas, y ambas cifras palidecen frente a los 200 000 de Haití en 2010-. Pero la tormenta que desató en la sociedad, comunidad científica y prensa mundial arreció hasta el pasado octubre, cuando se publicó la sentencia condenatoria para seis científicos y un funcionario gubernamental por su deficiente asesoramiento y comunicación del riesgo a la población en las horas previas a la tragedia. Ahora que va escampando (apelaciones mediante) debemos mirar con calma y aprender de nuestros errores. Porque hubo muchos, y de muchas personas.

Daños producidos por el terremoto de L'Aquila de 2009 en la población de Onna. Crédito: REUTERS/Max Rossi.

Daños producidos por el terremoto de L’Aquila de 2009 en la población de Onna. Crédito: REUTERS/Max Rossi.

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